“…nuestra querida Madre Mª Isabel la tenemos en el Cielo. Como a ella la quise de veras en vida, sigo sintiendo en mi corazón su presencia pues desde su nueva morada creo que alguna vez se acordará de mí…”

Amparo Serra.
Diciembre 1987 – Enero 1988

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“Madre, nos hemos enterado que el día de Todos los Santos del año pasado se marchó para el Cielo Madre Mª Isabel. Servidora tiene la gran alegría de poseer una carta que ella me dirigió en enero del mismo año. La leo y releo innumerables veces… Ahora, Madre mía, le suplico a V.R. la caridad de enviarnos la reseña de su vida y de su muerte, que supongo tendrán. También le suplico me envíe una fotografía de sus últimos años, en el carrito de ruedas, y un pañuelo de su uso personal; si no puede ser un pañuelo, sea una estampa de su breviario, u otra cosa que ella haya usado… Rueguen por nosotras a Madre Mª Isabel y díganle que le diga ella a Jesús que nos escuche…”

Madre Adoración de la Trinidad, MM. Agustinas Recoletas
Monasterio del Stmo. Cristo de la Victoria. Serradilla.
4 de enero de 1988

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“Recibí ayer la esquela de la M. Isabel y les escribo estas letras para decirles que ofreceré sufragios por su alma; siempre la tendré presente en el memento de la Misa y desde luego la invocaré como intercesora. Les deseo sepan seguir su vida de sencillez, alegría y santidad como Sta. Teresa quiere”.

Rvdo. D. Gonzalo Antolí Santamaría. Polop de la Marina.
18 de enero de 1988

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“¿Qué juicio [me merece]?: ha sido una maravillosa religiosa contemplativa de alma y cuerpo, humana y divina…, de gran personalidad y enérgica, envuelta de súper bondad, con capacidad de amar sin fin, hasta la eternidad.

Como sufrió mucho por la pérdida de sus seres más queridos a tan temprana edad, maduró pronto, supo valorar el amor sin límites, comprender, perdonar, acoger y esperar… Todo esto se reflejaba en su porte, rostro, mirada, gestos y expresiones. ¿Qué representa…?: desde el primer momento que la conocí, me di cuenta que era una persona extraordinaria, de grandes dotes. Vislumbré en ella su oración hecha vida. Siempre que tenía oportunidad no dudaba ir a verla, aprovechaba sus buenos consejos pues le consideraba como amiga, hermana y madre.

¿Anécdota…?: cuando le dije me sorteara una capellana me contestó con ímpetu: ‘A usted no le sorteamos ninguna…porque seré yo siempre…’. Me sorprendió y me alegré muchísimo, una vez más percibí su amor hacia mí. ¡Gloria a Dios porque ya está gozando de su gloria y visión amorosa!”.

Madre Vicenta Puchades.

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“Efectivamente, Rvda. Madre, como Ud. muy bien dice en su carta, Nuestra Madre era un alma de Dios en su sencillez, ingenuidad, humildad, caridad…había cautivado el Corazón de Dios quien, a su vez, colmó a esta alma predilecta con gracias de santidad y de transformación en Sí”.

Madre Mª Elena de Cristo a Madre Beatriz de Jesús – Madres Jerónimas.
2 de mayo de 1988

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“Me ha llenado de gozo y paz su lectura, el conocer la vida entregada en fidelidad…logra la altura que la caridad fraterna merece… Que ella desde el Amor y la contemplación de Dios nos ayude…”

Fr. Pedro Cárceles, O.C.D.
15 de septiembre de 1988

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“…ruego me disculpe por no enviarle unas letras portadoras de mi más sentido dolor por la muerte de nuestra querida Madre Isabel, q.e.p.d., la verdad lo he sentido muchísimo ya que nos unían lazos de amistad. Madre Natividad me escribió muy apenada y me decía: ‘ya tenemos una intercesora en el Cielo’. Pienso que Madre Isabel fue muy atenta y delicada con el Señor y de ahí la venía una fuerza muy grande para serlo también con los hermanos. Hemos de dar gracias al Señor por su fidelidad al Señor y por su corazón bueno y bondadoso. Esto es una gran alegría y una enseñanza…

Madre Elena, agradecería si tiene algún escrito de Madre Isabel me lo envíe porque me haría muchísima ilusión. Tengo alguna carta de la Madre si le parece se las envío, con el tiempo las pueden necesitar”.

Sor Mª Ángeles, Sierva de Jesús. Madrid.
20 de septiembre de 1988

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… gracias de todo corazón por haberme recordado de mí y haberme enviado el librito con ‘vida’ de la venerada Madre Mª Isabel. ¡Cuánto me alegra el haberla conocido en la breve visita que les hice hace unos años! Encomiéndenme a ella…”

Padre Simeón de la Sagrada Familia, O.C.D.
14 de octubre de 1988

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“…realmente era como ustedes la dibujan: un alma de Dios. Así la veíamos todos los que la hemos tratado…han hecho muy bien en darla a conocer. Ya el resto, si Dios quiere algo más, es cosa sobre todo de Él”.

Fr. Ángel Mª Martínez de la Cruz, O.C.D.
11 de diciembre de 1988

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