“En el año 1998, el 29 de abril llevé a mi hijo al hospital. Anteriormente a esto, el niño se encontraba muy raro, cansado, apático, con fuertes dolores de cabeza. Comía poco, y, a veces, vomitaba. Con estos síntomas acudí al pediatra, y no encontró nada.

El día 28 vomitó mucho, y además le vi una parálisis facial. El día 29 volví a acudir al pediatra, y, éste, al mirarle el fondo de ojo, le encontró un tumor cerebral.

Llevamos al niño con una ambulancia a Alicante. Lo ingresamos por urgencias. Lo vio un neurocirujano, y el primer informe fue el de decir que el niño o se moría o se quedaba como un vegetal, que el tumor era grande y que al operarlo, seguro que podía tocar alguna zona vital.

El niño quedó ingresado y le pusieron medicación para reducir el edema. Con esta medicación, el niño fue mejorando bastante.

No quedé satisfecha del primer informe dado por el neurocirujano. Entonces fui a hablar con el oncólogo, y éste me aconsejó que acudiera a un equipo de neurocirujanos que procedía de Valencia, especializado en niños; y que podía pedir que este equipo operara a mi hijo. Para realizar este cambio, tuve que ir a hablar con el jefe de neurocirugía del hospital. Éste me facilitó el cambio del equipo médico.

Hablé con el equipo de médicos que se iban a hacer cargo del niño, y me transmitieron mucha seguridad. Finalmente operaron al niño. Al acabar la operación, el médico me dijo que no habían podido extirpar todo el tumor, porque podían dañar zonas vitales. Había quedado un 10% del tumor, pero éste podría desaparecer con la radioterapia.

Mi hermano, Javier, y Nina, su esposa, acudieron al Monasterio del Espíritu Santo, de Carmelitas Descalzas el mismo día de la operación para pedir oraciones. Las Hermanas les entregaron también una reliquia de la Sierva de Dios, Madre Mª Isabel del Amor Misericordioso, para que se la pusieran a mi hijo.

El día 18 de mayo operaron a mi hijo. Nada más salir de quirófano se le pasó la reliquia por la cabeza, y, además, dormía con ella.

Una semana después de ser operado, se le hizo una resonancia magnética a mi hijo, y se comprobó que no quedaba rastro de tumor alguno, que el 10% del tumor que no había podido ser extirpado en la operación ya no existía. Y esto sin habérsele empezado a dar el tratamiento de radioterapia. El nombre del tumor es ASTROCITOMA, grado 3. Se trataba de un tumor muy agresivo, con mucha probabilidad de reproducción.

Posteriormente, se sometió al niño al tratamiento de radioterapia, para prevenir la reaparición del tumor. Nos dijeron que este tratamiento también provocaría secuelas y efectos secundarios graves; pero de esto no hubo nada.

Algún tiempo después pedí que se celebrara una misa en acción de gracias a la Sierva de Dios, en el Monasterio de Carmelitas Descalzas de Algorós.

El niño, actualmente, después de diez años, y tras sucesivas revisiones médicas se encuentra curado, y en muy buen estado de salud.

Meli Hernández. Elche.
Año 2008

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“… con la invitación a la clausura del Año centenario de la S.D., año que hemos pasado lleno de gracias que la bienaventurada Madre nos alcanza del Señor en cuya presencia se encuentra (no sabemos cuán encumbrada) su recuerdo, tanto en sus palabras como V.R. recuerda en sus cartas, como en sus ejemplos de encantadora vida sencilla (que jamás olvidaremos) no nos la dejan olvidar sino que nos unen a ella con más intimidad y vivencia activa y tan amorosa como fue en vida y más y más”.

Hna. Rosa María del S. Corazón, O.C.D. Cuenca.
Enero 2008

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“… son herederos de aquella gran Madre que era todo Amor, toda Caridad, (me refiero no sólo a la Sta. Madre, sino a la más inmediata que casi se toca todavía con la mano, a la M. Mª Isabel)…”.

Hna. Rosa Mª del S. Corazón, O.C.D. Cuenca.
21 de mayo de 2008

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“Mi agradecimiento a Dios por la gracia concedida es la siguiente:

Mi madre Mª Asunción es diabética. Sufre unas pequeñas úlceras en las piernas, desde hace más de diez años. Los médicos no encuentran solución. El pasado año se le practicó una biopsia en las pupas; pero nada, no saben por qué se producen. A causa del dolor continuo, mi madre no descansa.

El pasado mes de febrero en el pie derecho, se le fue formando una pequeña úlcera. El médico de cabecera no le daba importancia. Le recetaba unas pomadas, y listo. Pero la úlcera iba a más, y aunque se curaba cada día, la úlcera se iba haciendo más interna que externa. En el exterior era del tamaño de una moneda de veinte céntimos de euro, interiormente tenía unas galerías hacia los dedos. Por la infección, el pie lo tenía bastante hinchado y con dolor.

El dolor era tan intenso que le impedía incluso dormir. El día 5 de junio, por la tarde, mis hermanos la llevaron a urgencias, al Hospital de Elche. Al ver que se trataba de una persona diabética, la citaron para el cirujano vascular. A la mañana siguiente, día 6, a las 8:30h le hicieron el control del azúcar y tras verla cuatro médicos, la vio el cirujano vascular. La primera impresión de éste, tras preguntarle desde cuándo tenía la úlcera, fue decirle que había que amputar tres dedos del pie.

Mi madre quedó en observación, en urgencias, con reposo absoluto. Le dijeron que la úlcera era algo muy serio y que iba para mucho tiempo, al tratarse de una persona diabética. Quedó ingresada a la espera de una habitación en planta. Ya por la tarde la subieron a la habitación que providencialmente ocupaban Hna. Mª Francisca (Carmelita Descalza), recién operada, y acompañada por Hna. Mª Ángeles. Ellas en cuanto conocieron de qué se trataba y la gravedad que corría el pie de mi madre, nos dijeron que la iban a encomendar a la Sierva de Dios, Madre Mª Isabel del Amor Misericordioso. Y nos entregaron una estampa con reliquia de la Sierva de Dios.

Lo sorprendente del caso fue la rápida recuperación del pie de mi madre. Después de la primera indicación del médico, según la cual se habían de amputar tres dedos del pie, se empezaron las curas, y pronto se pudo comprobar cómo la sangre corrompida dentro de las galerías de la úlcera se volvía sangre viva y limpia. Con esta mejoría ya no había que amputar nada, sólo ir limpiando la herida y lo sorprendente fue la rapidez con la que la úlcera se cerraba y se curaba. Estaba previsto también que se la bajase a quirófano para recortarle la piel seca del exterior, pero no se hizo. Se fue curando sin la necesidad del quirófano. Sólo estuvo ingresada quince días.

La pregunta del cirujano fue: “¿Dónde está su pupa?” Y la respuesta de mi madre: “Ustedes sabrán”. El médico es Dios que ha concedido esta gracia con la oración de las Hermanas Carmelitas Descalzas del Monasterio del Espíritu Santo, de Algorós, que encomendaron el caso a la Sierva de Dios, Madre Mª Isabel del Amor Misericordioso. Quiero agradecer a Dios las gracias recibidas y a las personas que se han interesado por su enfermedad”.

Pascual Blasco Román. Elche.
Junio 2008

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“Les agradecemos de todo corazón los folletos que nos envían de la S.D. M. Mª Isabel del Amor Misericordioso, a quien las Hnas. de la Comunidad empezaron a tener especial devoción… En estas líneas quiero aprovechar para encomendar a sus oraciones sobre todo para que sus RR.VV. pidan ante las reliquias de la M. Isabel por nuestra Hna. Rosita… Las encomendaremos a VV.RR. y especialmente para la pronta glorificación de la Madre Isabel”.

Madre Teresa de Jesús. Yurimaguas. Perú.
Julio 2008

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“Mi hija Celia empezó a tener fuertes dolores de cabeza hacia el mes de marzo. No le di importancia en principio. A principios de mayo empezó a tener molestias en el ojo izquierdo. Decía que le molestaba mucho la luz en el ojo, y que le lloraba. Sobre esta fecha la vieron oftalmólogos que diagnosticaron un herpes y conjuntivitis en el ojo.

Sobre el 8 o 9 de julio, se levantó con una especie de orzuelo en el ojo. Al día siguiente tenía el ojo totalmente cerrado e hinchado, hacia fuera. El ojo además estaba paralizado.

Acudí al médico que había diagnosticado la conjuntivitis, y éste la remitió al neurólogo que la ingresó en el Hospital Vistahermosa, de Alicante. Estuvo catorce días ingresada. Le dieron el alta el día 25 de julio.

Los médicos nos dijeron que nunca se habían encontrado con un caso así. Tardaron al menos cuatro días en darle tratamiento de cortisona. Finalmente, los médicos diagnosticaron una inflamación a nivel craneal que le presionaba el ojo hacia fuera, produciéndole además parálisis en el mismo. Me dijeron que la recuperación iba a ser muy lenta, que tuviéramos paciencia. Sin embargo, a los pocos días fue mejorando, y un día, de repente, el ojo se abrió volviendo a su lugar. El informe médico apuntó “mejoría rápida y espectacular”. Después de esto, dejaron a Celia dos días más hospitalizada, al cabo de los cuales le dieron el alta.

El 16 de julio acudimos a las Hermanas Carmelitas Descalzas del Monasterio del Espíritu Santo, en Elche, para pedirles oraciones por Celia. Se hizo una novena a la Sierva de Dios, y al final de la novena daban el alta médica a Celia en el Hospital”.

Karina Orts Juan. Campello.
3 de septiembre de 2008

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“… las noticias de la querida M. Isabel nos dan mucha alegría, nos encomendamos mucho a ella. Que todo sea para la gloria de ese Amor Misericordioso que tanto penetró en el corazón de la Madre Isabel”.

Madre Teresa de Jesús; O.C.D. Harissa. Líbano.
Septiembre 2008

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“Queridas Hermanas:

Me llamo Nieves, y os escribo estas letras para contaron con alegría la gracia que la Madre Mª Isabel del Amor Misericordioso me ha concedido, a fin de que tengáis constancia de que para mí la Madre ha intercedido por la gracia que le pedí.

Cuando hace tres años, más o menos, llegó a mis manos la estampa de la Madre Mª Isabel, mi marido se encontraba bastante enfermo, a causa de un infarto cerebral. A pesar de que lo pudo superar, su estado fue deteriorándose poco a poco, y yo, a pesar de pedir a Dios y a la Madre que se curara, veía que la realidad era que Dios lo llamaba y que seguramente, a pesar de mi gran dolor de corazón, era la voluntad de Dios, y tendría que aceptarlo. De todas formas, nunca dejé de pedirlo.

Por aquel entonces empecé a pedir también otra gracia: Uno de mis nietos comenzaba a alejarse de la iglesia, renunciando así a las enseñanzas que sus padres le dieron y que con tanto celo, su abuelo y yo habíamos intentado inculcarle, junto con su madre, ya que su padre murió cuando él tenía tres años.

Yo, cada noche, en mi cita personal con Dios lloraba y pedía a Dios y, por supuesto a la Madre, su intercesión, para que mi nieto volviera a la iglesia. Mientras tanto, él no parecía estar dispuesto a renunciar a su actitud. Su novia era una buena chica, pero sin contacto con la iglesia y sin querer saber nada de ella.

Durante estos años, a pesar de no ver el fruto de la oración, continuaba pidiendo la gracia de que mi nieto volviera a la iglesia.

Por fin, llegó un día en que mi nieto decidió mandar una carta a su novia, en la que poco más o menos le decía lo mucho que la quería, pero también lo importante que era para él la fe que su familia le había pasado; y, he aquí, el “GRAN MILAGRO”.

Sin más esfuerzo que el de la gratuidad de Dios, su novia entró en una comunidad (donde ya saben estamos viviendo la fe y redescubriendo el bautismo), y retomó así el contacto con la iglesia que probablemente perdería poco a poco en su adolescencia y, claro, con ella, mi nieto.

¿Milagro o casualidad?

En mi ya larga vida me he podido hacer esta pregunta, pero la respuesta está clara: No creo en la casualidad, por lo tanto, para mí es un milagro.

¡¡Gracias, Señor!! ¡¡Gracias MARÍA ISABEL DEL AMOR MISERICORDIOSO!!

Nieves Mira. Aspe.
Octubre 2008

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“… recibimos los boletines de la tan querida M. Isabel, deseamos mucho su glorificación, que no alcance su vivir teresiano que ella encarnó en su vida humilde y callada”.

Madre Teresa de Jesús, O.C.D. Harissa. Líbano.
Navidad 2008

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